viernes, 17 de enero de 2014

La Caravana Elegíaca.

Antes que nada, quiero aclarar que en mis prosas tengo la mala costumbre de ser muy vaga y usar varias metáforas. Algunas pueden entenderse a la primera, y otras simplemente no sabes que diantres quise decir. La verdad es que algunas partes son más viscerales que racionales, y sólo uso palabras con esos motivos (Como una linda burguesa surrealista, aunque no sé que tan viscerales sean los surrealistas).

De momento es todo lo que "aclararé". Si tienes dudas puedes dejarme un comentario ♥.



Caravana Elegíaca.

Conozco a una parvada de cuervos que vagan por la ciudad, graznan hasta que sus picos amenazan con despedazarse. Sus plumas son negras, pero no picotean carroña. Uno de ellos se comió un pollo frito, a veces los otros le siguen.

Roban, se burlan, parlotean, chismean, hablan de política, alardean de lo que saben (y no saben), toman el transporte público (¿Por qué? ¿Se les olvidó volar, acaso?), y ven las caricaturas de vez en cuando.

¡¿Y se hacen llamar cuervos?!

¡Están perturbándome con buenas acciones, gestos de amabilidad, sonrisas genuinas y manos limpias (o llenas de cartulinas)!

Mierda, que no alucinó… ¡He sido testigo de un dragón azul ensuciado en polvo, llevaba lentes de sol!
La otra vez le vi, sus ojos estaban por encima de esos círculos de vidrio polarizado. Los lentes de sol se tragan a las miradas, no puedo entender a ese reptil.

Su voz susurra en goteos.

Mordió mi cuello y me arrancó la cabeza con un suave movimiento.

¡No te lleves la cabeza, mejor te vendo otra cosa! ¡Mis brazos saben a chocolate y mis piernas están hechas de leche descremada!

El vecino de la esquina ya no usa el sombrero estrafalario de cuatro picos. Ahora su cabeza se ve más pequeña y humana.

En mi cuarto colecciono picos de aves (y sombreros).

Si esto no es obsesión, entonces no sé que será.

Flotaba en la alfombra, con tejidos y texturas de agua.

La luz de una luna panzona cegaba mi rostro. Los sentidos se cerraron como una flor a medio marchitar.

El agua fluía dentro de una tierra infértil.

Una niña de once años me dijo que algunos niños abortados no sabían que morirían después de nacer, porque sólo querían nacer.

[— ¿A cuántos niños estaré matando al año? Pudieron haber sido gemelos o trillizos.

—No has matado a nadie, ni siquiera has entregado tu virginidad.

—Y aun así sale sangre. En las guerras sale sangre, en las masacres sale sangre, en homicidios sale sangre y de mi vientre sale sangre… ¿Tienes pruebas para decirme que no estoy matando a nadie? ¿Puedes ver dentro de mi vientre y decir que no estuvo a punto de nacer algo ahí dentro? ¿Puedes confirmarme que no lo mate yo antes de que te dieras cuenta?]

Las estrellas lloran felices y desilusionadas.

Dedos que tocan la sinfonía muda.

Megáfonos hechos de cartón y músculos, voces perforadoras de ideas.

El violador es virgen y el niño pedófilo.

El mentiroso es sincero y El verdadero calla secretos.

Desconecté las terminaciones nerviosas de mi cerebro para que el corazón no tiemble en su epopeya.


Porcelana desfigurada en catarsis. 

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