sábado, 22 de enero de 2011

Como una "Metrópolis sin fundamento"

Metrópolis sin fundamentos.




Es verdad que sólo me río fuerte para que me dirijas la mirada, es verdad que sólo lo hago porque quiero llamar tu atención.

Terriblemente patético e infantil, si.

Yo acepto que soy como una chiquilla sin remedio que exige sus dosis de cariño que nunca tuvo.

Una triste niña que quiso cargar en su espalda los problemas del mundo.

Una triste niña que se quebró en fragmentos con un suave sopló de realidad.



Señor cuervo… ¿Cuántas pedradas más necesito para entender que el impacto duele? ¿En qué casa de empeño puedo dejar mi corazón por unas cuantas monedas de éxito?

El mundo ni se molesta en detenerse aunque he sufrido.

¿Y por qué lo haría?

Yo sólo quiero encontrar la llave que pueda entrar en el cerrojo dorado, que abre aquella caja roja llena de cadenas oxidadas y círculos viciosos defectuosos.

Juraría que la persona de mi reflejo  tiene un sexo distinto.

Sólo quiero largarme de ahí y encontrar a alguien que pueda decirme “Lo nuestro es recíproco

¡Ya basta de amores secretos no correspondidos!

¿Cómo puede un mudo ser dueño de mis lágrimas?

Estoy viviendo en una metrópolis sin fundamentos. Una sociedad estructuralista que carece de orden y números,  que por el canto gris de sus habitantes pareciese que nacieron para no pensar ni decidir.

Como máquinas que fueron hechas de carne y huesos.

He de romper la secuencia de mis errores… ah, por un momento pensé que habría un botón para ello.

¿Alguien es tan amable de quitarme los cables y tornillos de mi cuerpo?

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