sábado, 3 de abril de 2010

Y que yo he de pintar…

Rayos...tiempo sin pasar por aquí, ocupada tal vez (si claro, me encantaría creerme esa excusa xD)...que va ¡si es así! (o.o...). He estado dedicando mi atención en mi webcomic de "La Ciudad de la Incógnita" y eso es porque ya estoy cerca de terminarlo, además de que en la parte de edición voy muy retrasada (sin mencionar que el 6to tomo sigue sin mostrar sus luces porque lo preste hace años y no tuve oportunidad de escanearlo). Por ello...¡si tengo una excusa! Y también estoy en un foro de roleo, ando un poco ocupada con la AJAE (estamos algo retrasados con las actividades de este año, así que estamos viendo como terminar la obra colectiva pronto). Tal vez en la entrada que viene ponga una tira cómica, estas no encajan en el webcomic porque son anecdotas personales o historias que no tienen relación, es por eso que las pongo aquí (y de paso hago más entretenido el blog; que lleno de letras, poemas y frustaciones es demasiado lúgubre para mi).



Pintar.


Mis ilusiones, guardadas en una cajita polvorienta y descuidada, arraigada de un mundo que se ensordece y pinta en su cuadro los colores de su corazón, la forma de sus sentimientos, la sonrisa de su intuición.



Dormida en mi propia caja garabateada, guardo mis lágrimas en la botella de perfume, que se endulza entre más amargo se haya vuelto mi pecho.

Quiero pintar los colores de la gente.

¿Pero como pintarlos, si lo que yo veo está limitado a mi propia perspectiva? ¿Cómo sobrepasar el encerrado término de la empatía?

Si todos tuviésemos alas, me gustaría llevarme la pluma de cada uno, y hacer mis propias alas con ello.

Los colores que forman nuestras siluetas, nuestras caras, nuestras risas, nuestra tristeza…

Nuestro temor o nuestro amor.

Fue sólo un fragmentó de tiempo en el que abrí los ojos y me llene de matices existentes e inexistentes, al segundo siguiente dormí y olvide como despertar.

Monocromático, policromático.

¿Qué color se forma si juntamos todas nuestras almas?

La sonrisa es sólo una mueca, lo que hay detrás de ella es lo trascendente, pero no lo sabemos nombrar.

Si llorar fuera malo, sonreír no sería bueno.

¿Quién se quedó al otro lado del cristal?

Vamos a pintar.

Que los matices nos arrullen en su cuento sin final.

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