martes, 1 de diciembre de 2009

Me destroza verle destrozado

Me destroza verle destrozado.


Polvos mágicos que me conducen a algún lugar.
Acudan a mi malicioso llamado.
Llévenme al lugar más recóndito de mi podrido corazón.
Donde mi oído se a apago.
Se consumió entre lágrimas, entre gritos desgarradores.
Entre la inmundicia de mis deseos.

Condúceme a algún lugar.
El mundo de mis inhibiciones y desaciertos.
Quiero aprender de mis errores, para enfrentar las debilidades.
Quiero abrazar a los que me lo pidan.
Quiero besar el que mis labios exija.


Pero no puedo tocar aquello en lo que me he aferrado.
Porque debo odiarlo, debe ser algo superficial.
Simple, sin sentimientos.
Vacio.
Rivalidad.
Risas alocadas y huecas.
Y marchitar.

Polvos mágicos, suspiros de mis amores no correspondidos.
Por esta vez, no sé que desear realmente.
La persona de este amor pasajero me lastima,
Más que cualquier otra persona de la cual me “enamore”.
Por ser amor hueco soy egoísta.
¿Pero entonces por qué ansió consolarlo en su dolor?

Esa persona sufre… ¡No quiero que sufra!
¡No lo lastimen!
¡Qué contradicción! ¡No quiero que sea correspondido, pero no quiero que sufra!
No quiero verlo ahogarse en una depresión, no quiero verlo
Ver el infinito con una tristeza absorbente.
Debería ser feliz.
Que sea feliz.

Si debo retorcerme en el dolor para que él lo sea.
Que así sea.
Pero no lo destrocen, no lo destruyan.
Deseo protegerlo de todo lo que yo he recibido.
Que no caiga en aquella oscuridad de la que yo me vi acompañada.
De la que yo sufrí arraigada.
Que sonría.
Con sinceridad.
Puro.
Único.

Se acalla el dolor… aun si lo grita a los cuatro vientos.
No entran sus sentimientos en nuestra conversación.
Vibrante y detestable.
Armoniosamente fastidioso, la causa de mis dolores.
Lo quiero, lo repudio.
Lo que no lo mate ¡que lo haga más fuerte!

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