lunes, 21 de diciembre de 2009

La palabra "madre"...

La palabra “madre”, que pierde color.



Quizá intente evadirlo tantas veces, que ahora me es insoportable el no decirlo.
Ahora ignoro si es algo bueno o algo malo, porque soy consciente de que es un hecho que siempre existió.

Mi madre no nos conoce.

Son incontables las veces que se llena de su autocompasión, no sólo eso, son enfermizamente excesivas las veces en las que nos recuerda sus sacrificios por nosotros, sus hijos.

Tantas veces, que la lastima y la empatía se ha roto de tanto uso.



Sus palabras se han oxidado, y ahora yo sólo veo a una mujer desesperada por vivir que sólo se compadece de sí misma.

Que, sinceramente, se que piensa mucho en sí misma.

Supongo que fue mucho tiempo de reprimirlo… ¿Pero este es el tiempo adecuado para ejercerlo?

Tal vez, ni es consciente de que es asquerosamente autocompasiva… bueno, ella hablo que todo lo “auto” es importante, estará empezando por eso…

Creo que estoy dejando de admirarla.

Bueno, no me sorprende… creo que hace mucho ella me decepcionó.

La empatía no borra la decepción, sólo hace que entienda algunas cosas… pero lo demás es ambiguo.
Supongo que no conozco a mi madre.

Bueno, todos dicen eso, lo gritan con furia, enojo, frustración… “¡Tú no sabes nada de mí, tu no lo entiendes!”

¿Es un grito de ayuda? ¿Es otro despecho, otro nudo que uno quiso desanudar?

Madre ¿¡Por qué tratas a mi hermano así?! ¡¿Alguna vez te preguntaste si él no sufría con tus venenosas palabras?! ¿Alguna vez pensaste que el reprimió sus lágrimas por tu viperina lengua? ¡Deja de desahogarte por el! ¡Entiéndelo! ¡El no es mi padre! ¡El no es tu padre! ¡El no es ningún maldito hombre que te haya decepcionado! ¡Es tu hijo! ¡Tu hijo, maldita sea!

Madre, lastimas mucho, mucho a mi hermano… y no lo vas a saber porque no nos enseñaste a decir nuestros sentimientos… y me saldrás con “dímelo tu” “lo he intentado”… si, has de intentarlo mucho, sobre todo cuando estas ciega y sorda, se ve mucho tu empeño hacia tus hijos, se ve que lo sobrepones a tu egoísmo.

Oh, que admirable.

Oh, que humana.

Ya me harté de sentir empatía por ti, hasta ahora sólo me ha ayudado a justificarte, pero no ha ayudado a mi hermano… ni a mí.

Yo por lo menos lo desahogo aquí, quien me preocupa es mi hermano, que seguramente fue el primero en experimentar al metálico sabor de la decepción.

Seguro y fue el primero en odiarte o en quitarte de su pedestal.

Bueno, te lo has ganado.

Cría cuervos y te picarán los ojos.

Hasta ahora no te lo hemos picado, oh no, esto es castigo tuyo… sólo espera a que estos cuervos afilen más sus picos, sólo espera a que recibas la cubeta de agua fría que estamos llenando. Sobre todo de mí.
Porque, ya debes saberlo.

Las mujeres son las más viperinas, las que más lastiman, las que más deliciosamente matan.
¿Por qué crees que los criminales tienen mucha relación con su madre? ¿Por qué crees que los insultos son relacionados con las madres?

No somos víctimas, somos los lobos vestidos de ovejas y ni nos hemos dado cuenta.

Si, los hombres golpean e insultan… pero te apuesto que la mayoría no ha pensado que lo que hacen es algo malo… te puedo asegurar, que por lo menos la mitad de las mujeres sabe que lo que dice o hace causa un daño.

¿No has pensado que el machismo fue un escape de los hombres para engañarse a sí mismos de que son fuertes? ¿No has pensado que todos ellos pudieron haber sido profundamente heridos por una mujer?
¿No has pensado… que todo esto fue por nuestra causa?

Ahora sólo tu titulo está perdiendo el brillo y poesía que profesé hace años.

Y mientras eso sucede, pienso que no puedo odiar a nadie, sólo a mi misma… y al título de hija.

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