martes, 2 de junio de 2009

Y los días se cuentan...


Últimamente rondan en mis pensamientos paranoicos sobre el hecho de que ya pronto terminaré este ciclo de mi vida y que me lanzaré torpemente a otro un poco más espinoso que el anterior (pero ¿qué será más espinoso que las palabras mórbidas del estereotipo de una rubia oxigenada con problemas de autoestima?). Lo que me preocupa es que ahora no podré ausentarme mucho como lo he hecho hasta ahora (divagaciones). Muchas veces me quedaba horas sólo oyendo la música y pensaba en historias que fuesen acorde o no con la melodía, podía estar mucho tiempo así, incluso llegaba a quedarme intrigada de mis propias historias hasta que el hilo se rompía por los llamados del exterior.



De ningún modo me siento patética porque yo se que ese es mi estilo de vida y porque sé que no soy la única que lo hace (aunque no he tenido el placer de conocer a nadie con esos "hobbies"). Y no es tanto de encontrarlo relajante o para despejar ideas, por el contrario, cuando despejo las ideas estoy incluso con pesas en la tierra; pero mis ausencias no son más que las huídas a mi manera... porque todos huimos.

Unos se escapan en el ruido, el bullicio y las pláticas triviales que no parecen tener fin, otros pasan la mayor parte del tiempo trabajando, otros corremos y nos aislamos para llorar en nuestros silencios, incluso muchos huyen riendo y sonriendo.

Es como la frase que me ha taladrado el cerebro por tres años (¡y vamos por más! =D) "Todos los excesos son malos". Ser muy feliz, ser muy triste, hacer mucho ejercicio, hacer poco ejercicio, comer mucho, comer poco... ambos extremos te afectan a ti y a los demás (aunque claro, otra cosa es que no te importen ni a ti ni a los demás).
Pero pienso, que esta es la primera vez que extrañare a todos mis compañeros... los 52 compañeros y a los que se han ido en el transcurso de los semestres, no con todos he sostenido una conversación decente, de hecho, probablemente ha sido con menos de la mitad (y los otros han sido saludos rutinarios y comentarios de ocasión). Aun más allá de las palabras, me he dado cuenta de que lo que nos une es un extraño sentimiento de compañerismo... si tenemos quejas de un profesor, todos nos rebelamos; si hay alguna actividad grupal, todos ayudamos en algo. Tal vez muchos piensan que los lazos se rompieron un poco, y quizás sea así...

¿Entonces por qué no unirlos de nuevo?

Tras el paso de las horas y tras el paso de los días todos nos iremos del lugar que hemos habituado ir, y todo se desfallecerá en los recuerdos nostálgicos de la vejez.
Siempre ha habido una parte de mí que se aferraba a los recuerdos, y que por consecuencia me perdía muchas cosas que pasaban a mí alrededor. Incluso creo que mi corazón sólo percibía los tintes monocromáticos de la rutina, hasta que las risas y los chistes lo llenaron de colores más brillantes y vivos.
Aunque las personas que conocí se pierdan en mis recuerdos, aunque olvide los días del pasado, aunque no vuelva a ver a muchas personas más por el resto de mi vida... yo se que un fragmento de ellos se quedó en mi, uno demasiado pequeño, que juntos formarían el color que deslumbra el iris de mi mirada.

Y los días se cuentan... pero pasa más rápido que el tiempo.

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